Una vez más el mismo modelo de negocio: la publicidad de pago se repite en una nueva plataforma como ChatGPT

La tecnología cambia.
El guion, no.

ChatGPT empezó como ese lugar donde ibas a pensar mejor, escribir mejor, decidir mejor. Un “cerebro extra” sin banners, sin ruido, sin el típico circo digital de “compra ahora o eres peor persona”.
Y, sorpresa: OpenAI ya está probando anuncios en ChatGPT. No “algún día”, no “quizá”. Probando.

Elegantes, etiquetados, separados, “no influyen en las respuestas”, dicen.
Claro. Y los bancos “solo” te llaman para “ofrecerte oportunidades”.

El ciclo de siempre (con traje nuevo)

Si llevas 5 minutos en marketing digital, ya conoces el patrón:

  1. Te dan una experiencia impecable.
  2. Te hacen dependencia (porque funciona).
  3. Entran los ingresos a presión.
  4. Aparece la publicidad, disfrazada de “sostenibilidad del acceso”.

OpenAI lo plantea como un modo de financiar el acceso gratuito y mantener la confianza: anuncios al final de la respuesta, etiquetados como patrocinados, y con promesa de privacidad frente a anunciantes.

Todo suena razonable… hasta que recuerdas cómo empezó Google: “no seas malvado”, resultados limpios, magia. Luego: SEO depredador, pujas, y el usuario aprendiendo a distinguir “lo útil” de “lo que paga”. La diferencia es que aquí no estás buscando: estás conversando. Y eso es un cambio serio.

El punto crítico: no es “que haya anuncios”. Es dónde se meten.

Una cosa es ver publicidad en una red social: sabes que estás en un parque temático.

Otra cosa es que una herramienta que usas para:

  • elegir un proveedor,
  • decidir una compra,
  • redactar una propuesta,
  • diseñar un plan de negocio,

te empiece a poner recomendaciones patrocinadas cerca de tu respuesta. Aunque estén “separadas”. Aunque estén “etiquetadas”. Aunque juren que “no cambia la respuesta”.

Porque en la mente del usuario pasa esto:

“Si me lo sugiere aquí… será por algo.”

Y ese “por algo” es oro. Es el mejor invento publicitario desde el intent.

“No influye en las respuestas” (la frase más cara de 2026)

OpenAI afirma que los anuncios no influyen en las respuestas y que las conversaciones se mantienen fuera del alcance de los anunciantes.
Perfecto.

Pero el tema no es solo influencia directa. Es arquitectura de incentivos.

Cuando existe un canal publicitario, aparece una presión natural:

  • más inventario,
  • más formatos,
  • más “relevancia”,
  • más integración con intención de compra.

Y ahí es donde el producto se te puede ir de las manos. Porque el día que un usuario sospecha que una respuesta está “contaminada”, el valor percibido se desinfla como un globo en una convención de escépticos.

De hecho, ya hubo polémicas recientes con promociones “tipo anuncio” dentro de ChatGPT (aunque OpenAI las describiera como mensajes de descubrimiento, no publicidad). Es un síntoma: la sensibilidad del usuario está a flor de piel.

La jugada empresarial: lógica, fría… y peligrosamente tentadora

No nos engañemos: es una jugada lógica.

La IA cuesta dinero. Mucho.
Y el mercado no paga tanto como le gustaría a quien factura. Así que el modelo “freemium con anuncios + premium sin anuncios” es el clásico: funciona, escala y es fácil de explicar. (Según OpenAI, por ahora los niveles Pro/Business/Enterprise/Education se quedarían sin anuncios en esta prueba).

Ahora viene el dato incómodo:

La publicidad no compra atención. Compra confianza prestada.
Y ChatGPT, hoy, vive de eso.

¿Qué cambia para marcas y negocios? Spoiler: se abre un canal brutal.

Si eres empresa, aquí no toca llorar. Toca entenderlo antes que los demás.

Si ChatGPT Ads se consolida:

  • Nace un nuevo “SEO” (pero conversacional).
  • La batalla se mueve de keywords a intenciones.
  • Ganarán las marcas que tengan prueba, autoridad y claridad (no las que griten más).

El problema: los que lo hagan mal van a convertir esto en el mismo vertedero de siempre, y entonces se acabó la magia.

La publicidad no es el enemigo.

El enemigo es cuando el producto deja de optimizar para ayudarte… y empieza a optimizar para monetizarte.

Y sí: puede hacerse “thoughtful and tasteful”. Eso dicen también en los pitch decks.
La realidad es que el mercado tiende a una ley universal:

Si algo puede degradarse para ganar más, tarde o temprano alguien lo intentará.

Aquí no vienes a estudiar. Vienes a construir

Fórmate para dejar huella, dominar tu mercado y facturar sin pedir permiso.

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